jueves, 29 de diciembre de 2016

No me grites mal mundo





No me grites mal mundo
La cabeza me explota
de malditos sonidos

Acaríciame los ojos la boca
susúrrame respírame ámame

Que tus dedos sean flores

Malgritas
y mis manos son puños
que golpean destrozan
los dolores
de tu desierto
de mi cuerpo

No me grites mal mundo
(no me grites
no me grites)










Imagen: El Grito de Edvard Munch

viernes, 21 de septiembre de 2012

Haiku لأندلس



Primavera en otoño,
el agua no llega,
sueño en tus brazos.










Viviana Atencio 

Fotografía: Adán y Eva, Gustav Klimt

jueves, 2 de agosto de 2012

El vacío






Un hueco donde tirar los versos
que llegan con la debilidad de la mano

Llora con algún o todos los sentidos
puestos en ti
cuando  el cuerpo permanece
porque puede

¿El umbral de un dolor evoca un fin
para sentir sentir sentir hasta quedarse?

No digas que calle cuando
la palabra se dispare sola de la boca






Texto: Viviana Cecilia Atencio 

Imagen: Norma Bessouet 



2012

martes, 12 de julio de 2011

En el camino



El orden de los tiempos
se despedaza en el agua
que se abre en círculos
tras la piedra arrojada
Nada nunca será igual
en la profundidad del río
Los amantes se besarán
a la sombra de un árbol
con los pies arremolinando
la piedra que hizo historia
hasta que sea olvidada
aunque no muera

El cielo nos persigue
día y noche
y se queda en la noche
como los sueños que relegan los golpes
contra los derechos civiles
hasta el amanecer

Nos abrazamos a animales
que no saben de diamantes
Les contamos la fábula
de la naturaleza humana
y aunque podrían escapar
se quedan junto a nosotros
hasta el final

Nos ponemos en el camino
de la tinta en los dedos
Las huellas son palabras
recogidas por el viento
En la boca de la mente
sigue durmiendo la dulzura del mundo
El horizonte es lo único sagrado
para la mano que busca la mano

martes, 5 de abril de 2011

Coniuro silentio


Hic situs est. Sit tibi terra levis



Precipicio,
estela de fragmentos sin nombre,
entierro invisible en la agonía sin voz.

La nada dispara al vacío
tinta seca, sangre
que muere y que no nace.

Cuando el trazo sucumba hasta el olvido
no se cerrará el puño, no se grabará
el cuerpo que pertenece al iris.

No hay aire ni asfixia
cuando ni blanco ni negro
significan miedo.

Buscarían como niños
la primera palabra
que naufragaría sin ser.

No se admite lágrima
ni sonrisa en el limbo del ser
que será jamás.

Los recuerdos no son sin respirar
en la proyección de la sombra sobre el abismo
fuera de fin y sin llegada.

Si hubiera dedos
perseguirían los márgenes
para derrumbarse.

En la mente ojos ciegos
inventarían azules escapados de sueño
si la existencia.

Todo acto fue desterrado
como el tiempo disipado
en su ficción que calla.


Viviana Cecilia Atencio

Manifiesto Oniris





Limpio de culpa como sangre humana,
océano.
Discurrir en las venas del tiempo,
latido.
Es historia y olvido y memoria.
Ir y venir.
Ser dentro fuera.

Peces con branquias, peces con plumas,
delfines junto a gaviotas que
beben de la misma fuente
o de una boca
en otra boca
de agua.

Lágrimas escritas a sorbos de ayer ¿serán mañana?
Beber, fingir que no son gotas sino pasos
el camino de una mano en el río,
multitud de pies bañándose
de dos en dos al uno
olas como pájaros.

En la palabra felicidad que atraviesa el mundo desplegado
en sus dedos de condición humana la mujer estalla.
El sonido de la respiración, el latido del pecho,
el infinito atravesándonos como humedad.
A veces es la elección del fracaso,
otras, poesía, belleza solidaria
solitaria.
Vicio.

¿Es nuestro mundo un anciano de nacimiento?
¿Nacerá el paisaje del excremento social?
¿El hambre necesita disparos en la
frente de la liebre? ¿Tendrá su día
el vuelo de la mariposa?

La libertad es una mujer comunera
con hijas rojas vertidas en la historia.

Creación de la destrucción de la mentira.
Ideología de la desesperación, no fe, espera.

No queremos la eterna esperanza
de la muerte mejor mañana.
¿hasta dónde llegaremos?
¿no llegar, es destino?
Podemos crear un destino.

No poseemos a nuestros hombres
No poseemos a nuestras mujeres.
No poseemos a nuestros hijos.
No prescindimos de toda moral.
El pasado no fue mejor.

Con los hilos de los muertos tejemos sueños.
y también con la piel de una voz.
La imaginación nos salva, nos condena.
Bailamos valses a la orilla de la luna.
Desayunamos lenguas de algas y estrellas.
Escuchamos las confidencias de los locos.
Buceamos aturdidas de pensamientos,
de hambre de alguien, de algo o de algún lugar
que ni siquiera nos atrevemos a imaginar por temor a llorar.

A veces somos invisibles
como la sonrisa de una durmiente,
como una lágrima de mujer que teme.
Otras somos el aullido del pasado
en el segundo universal de la infamia.


Viviana Cecilia Atencio


Ilustración: Paloma Blázquez Crespo

lunes, 27 de diciembre de 2010

Frida


Colgada del cielo

sin hilos ni alas

yo misma el centro

la herida

el hijo que no fue

el amor

el sonido del árbol

que se quiebra

y no cae


Subiré al primer sueño

subiremos las dos

la rota y la entera

la pequeña y la ahogada

en tres dos una única lágrima

cursaremos en la sangre

la embriaguez del Leteo

para llegar al sol


Miraré hacia el foco de tus ojos

te diré números letras

movimientos que nadie

sino tú podrás descifrar

una pesadilla de girasol

que nace sobre el muro gris

tu ternura tu traición

como brazo cercando mi cintura

fragmentos de un cuerpo

sangre huesos corazón

el que se fue contigo

o el salvado

el que espera la muerte


Me desangraré de ti

mi mano en mi mano

hasta agitarme como nube de tormenta

irradiada en el fin


Me pintaré otros rostros

pero verás el mío

hoy será siempre todavía

me trenzaré a ti

cerraré la boca

para abrirla en tus labios

atraeré tus dedos de marfil

hacia el fondo del silencio en fuga

serás el que no fuiste la que no fui

te nombraré en otro nombre

abrazaré tu mente en el vacío

arrastraré por los desiertos

lo que vi en el agua

lo que el agua me dio

los deseos de ti


Nadará el dolor hasta olvidar

y cerraré los párpados por fin

para no verte

para no odiarte

para no amarte





Viviana Cecilia Atencio


Imagen: Paloma Blázquez Crespo